Archivo | junio, 2010

Photomaton

30 Jun

Anuncios

Elevator Talk

26 Jun

"Me le da al 10, por favor?"

Ciertos aspectos de nuestras vidas, se han incorporado sigilosamente como parte de nuestra rutina. De repente el BB es prácticamente una extensión del tímpano y ni siquiera nos damos cuenta de que pasamos casi una hora diaria en pleno proceso de comunicación.

Así mismo el ascensor es un elemento indispensable de nuestra cotidianidad. Pasamos al menos 7 minutos al día, en espera o dentro de un ascensor. Y es precisamente en este escenario donde recientemente he redescubierto la facilidad única del dominicano de iniciar conversaciones con un extraño. Aunque quizás no deba extrañarme tanto. En el súper, si la persona de al lado puede opinar en su decisión de si comprar plátanos verdes o maduros, lo hace (“¡Ayyyy, no hay nada mejor que uno fritico maduro, o uno platanito al caldero con mucha azúcar, ummm!”) En la sala de espera de un consultorio médico es muy probable que en los primeros 10 minutos de espera tu vecino ya te haya pedido el periódico que aún no acababas de leer, identificado tu diagnóstico y recetado los medicamentos y tratamientos apropiados (“Ese remedio es un cuchillo. A mi me dejo saniiitoo.”)

Sin embargo, he notado una especia de confianza renovada en los ascensores. Quizás sea la falta de esa melodía mono-rítmica bien llamada elevator music. Lo cierto es que en los últimos días he comprobado que el dominicano tiene institucionalizado su propio elevator talk.

Ejemplo No. 1: Un día cualquiera, mi talón es la pobre víctima de mi impaciencia. El eco de mi zapateo retumba en el pasillo mientras espero el ascensor y mis ojos observan con escrutinio la pantalla que indica que aún me quedan varios pisos de espera.  Finalmente. Entro.

“Buenas,” digo (lo desesperada no quita lo cortés).

“Saludos. ¡Que coincidencia del destino! Parece que los astros han unido nuestros caminos, por que lo que Usted ha estado buscando toda su vida, en mí lo ha encontrado,” Declamó mi acompañante.

Mi expresión facial debió haberme delatado. El poeta pareció morderse los labios en arrepentimiento. Por suerte elucubró poema tan elaborado que terminó justo a tiempo para mi salida.

Ejemplo No. 2: En los últimos días la lluvia no ha dado tregua a esta media isla.

“Pero y este pajón?! La verdad es que esta lluvia no va a dejar a uno en paz. No hay moño que aguante.” Parecía decirme la muchacha que entró al ascensor mientras se peinaba con los dedos enérgicamente mirándose en el espejo del fondo. “Mira, mira, mira, mira estos chifles.”

Llega a su piso y me abandona y sólo me queda admitir que yo también revisé con el rabillo del ojo a ver si mi peinado no había sucumbido también ante las inclemencias del tiempo.

Ejemplo No. 3: Como parte de las formalidades ceremoniales que revisten la profesión de abogado, para asistir a audiencia hay que ataviarse de camisa blanca y corbata negra (cual mesero encendido) y sumarle a nuestro calor isleño, toga y birrete. Estos últimos fácil de desechar antes del regreso a la oficina; la corbata siempre se queda, quizás más en aras de dejar caer de vez en cuando el humilde fashion statement.

“¿Corbata, eh?” comenta un caballero en el ascensor al notar mi perfecto nudo a lo windsor.

“Sí.” Respondo fríamente y me pierdo nueva vez en mi BB chat con mi hermana.

“Mi hija es así como Usted.”

“¿Ajá?” Contesto, pensando que me dará detalles de su carrera universitaria.

“Si. Modelo y eso. Usa corbatas.”

No, no, no, no, no, no.

Una vez más tengo que admitir que el dominicano es especial. Y lo cierto es que no lo cambio por nada. Un día cualquiera nos damos cuenta de que aquí nunca se está realmente solo.

P.D. Sí LOA, todos estos incidentes fueron en el ascensor de la oficina.

24 Jun

It’s raining, its pouring, the old man is definitely snoring!

Photo of the day

24 Jun

Nature's welcome...

Bienvenida Penny

23 Jun

Hierba mala no muere. A veces siento que las mañas de niños no nos abandonan de adulto. Cual juguete nuevo que una vez fuera de su caja pierde su brillo, me envolví en el ritmo embriagante de la cotidianidad y dejé de lado la tarea titánica que asumí unos meses: conquistar el cyber espacio. Pero (¿afortunada o desafortunadamente?) estoy devuelta y armada con el juguetito de mis sueños.

Así es. Como regalo de aniversario (¡Cómo pasa el tiempo!) mi maravilloso esposo me sorprendió con el mejor de los regalos: una Pentax K-X roja, 12.4 megapixeles, equipada con lente 15 – 80mm. En lenguaje llano: una súper cámara, a la que hemos cariñosamente bautizado Penny.

Mi emoción aún hoy no se contiene. La fotografía siempre me ha apasionado y de repente me encuentro fotografiando todo a mi alrededor. Cada pieza de mi casa me ha servido de musa, y desde que la recibí, tengo registro de cada atardecer. Quizás un simple intento de perpetuar el ahora: la felicidad, la estabilidad y la ilusión del futuro. Trillado lo sé, pero sin lugar a dudas, hay veces que una imagen vale más que mil palabras.

¡Hasta la próxima entrega (ilustrada)!

Penny, oh, Penny!

Rain rain go away…

23 Jun

My city pours.
Feels like it cries.
Can’t help but wonder what it’s so sad about.